El día comenzó, el sol salió. Demasiado. Quienes tuvimos la grata experiencia de tomar el Roca a la mañana sabíamos que el día ya empezaba mal. Calor, mucho calor. Transpiración, de esa que no querés que nadie te toque porque todos estamos pegajosos. La escena se asemejaba bastante a la serie The Walking Dead, todos con la misma expresión de: quiero morir y quiero matar al primero que me roce la piel. Ya para las 12 del mediodía, la ira social estaba legitimada. Aunque nadie tenía fuerzas para moverse, y la sensación térmica dentro del vagón debía ser de unos 40°. Un cartel sobre la puerta me puso de mal humor: coloque un split ya. No era necesario.
Sin embargo, se pueden sacar muchas cosas positivas de un día de calor en el Roca. En primer lugar lo que llamamos el "adelgazamiento involuntario". Esto es para las mujeres/hombres que en todo el año solo corremos para alcanzar el bondi o el tren, (y que encima no lo alcanzamos). Si tenés ganas de comer, el calor del Roca te las saca y empezás a transpirar y a liberar todas las toxinas habidas y por haber. En segundo lugar, el riesgo de un robo es menor, nadie tiene energías, y si alguien te quiere sacar algo y empezar a correr, en algún momento se va a morir por las altas temperaturas. Por último, siempre es bueno recordar a nuestros queridos vendedores ambulantes. Sin ellos no podríamos pasar de la estación Gerli, sin ellos no podríamos disfrutar esa coca fría en el medio del horno sobre rieles.
Un aplauso para todos aquellos que subieron al tren y vivieron para contarlo! Sepan que miles de personas sentimos lo mismo: mucho calor

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